Petróleo y gas no convencional: ¿una revolución o una jubilación?

Dr. Luca Ferrari

Centro de Geociencias, UNAM – luca@unam.mx

Viernes 30 de mayo de 2014 a las 13:00 (hora de la Ciudad de México)

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lucaFerrariLa producción global de petróleo convencional creció a un promedio de 2.1% por año desde mediado de los años 60’ hasta 2005, cuando se quedó estancada. Esto provocó una alza del precio del barril de 50 a 130 dólares en menos de 3 años, que fue el factor determinante en desatar la crisis económica y financiera de 2008. En los últimos 5 años la producción global ha vuelto a incrementarse marginalmente (0.5% anual) gracias al llamado petróleo no convencional que, aunado al gas de lutita ha sido explotado de manera intensa en Estados Unidos, donde se ha clamado que estamos frente a una “nueva revolución petrolera” y que el pico del petróleo no está a la vista todavía. El petróleo y gas de lutitas (tight oil, gas shales) está constituido por crudo y gas atrapados en formaciones de baja o nula permeabilidad, que fueron la roca generadora del petróleo convencional. Para producir estos yacimientos se usan pozos horizontales y fracturamiento hidráulico (fracking) con inyección de agua, arena (98%) y agentes químicos (2%) a alta presión. En muchos casos se trata de yacimientos conocidos pero anteriormente inviables del punto de vista económico. Un precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril ha hecho posible el “milagro”.

La reforma energética recientemente aprobada plantea explotar este recursos también en México, sin considerar los altos costos económicos, energéticos y ambientales. La experiencia de Estados Unidos, donde se han perforados mas de 70,000 pozos, indica que solo hay unos cuantos sitios productivos (sweet spots) y que la producción de un pozo colapsa rápidamente, al punto que en solo 3 años se produce de 80 a 95% menos que al principio. La productividad por pozo es muy inferior al petróleo convencional y el factor de recuperación final es típicamente inferior al 10% del recurso (35-40% en el caso del petróleo convencional). Se trata entonces de recursos de menor calidad que el petróleo convencional, que necesitan de mas energía para producirse y, por ende, el incremento de producción no se traduce necesariamente en mayor energía disponible para la sociedad, pero si en mayores capitales que se tienen que desviar hacia su producción. El petróleo y gas no convencional tiene además un fuerte impacto ambiental. Cada pozo usa entre 9 y 25 millones de litros de agua, un recurso ya escaso en el norte del país. El agua es contaminada con químicos altamente tóxicos que pueden contaminar suelos y aguas superficiales. El proceso de fracking libera también metano, un gas de efecto invernadero mucho mas poderoso que la CO2. En suma el alto precio económico y ambiental del petróleo no convencional y su baja ganancia energética confirma que estamos entrando en la segunda parte de la curva de producción, caracterizada por el declive de la cantidad de energía fósil disponible y con un precio cada vez mas alto.

Tanto los límites físicos a la producción de energías fósiles como las consecuencias ambientales y climáticas de su uso ponen a la humanidad frente a la necesidad de la nueva transición energética a las fuentes de energía renovables, que pueden asegurar un flujo de energía duradero y, en principio, una economía sustentable. Sin embargo su intensidad energética es inferior al petróleo convencional, su flujo es discontinuo y la infraestructura para su aprovechamiento se construye con energía y materiales derivados de combustibles fósiles. Esto indica que no es posible sostener el sistema económico actual sustituyendo los combustibles fósiles con energías renovables, a menos de reducir los consumos y dejar el mito del crecimiento ilimitado. No obstante el sistema actual se resiste al cambio y prefiere apostarle a recursos caros, sucios y de corto plazo como el petróleo y gas no convencional en lugar de soluciones de largo alcance como las fuentes renovables. En cambio deberíamos tratar de usar de manera estratégicas las reservas de petróleo que quedan en el mundo, dejando de estimular el consumismo para redirigir la economía hacia las necesidades esenciales (educación, salud, seguridad alimentaria, protección del medio ambiente) e instrumentar la transición hacia una sociedad post-petrolera que debe necesariamente sujetarse a la menor disponibilidad energética que provén las energías renovables.

Para profundizar:

Ferrari L., 2013. Energías fósiles: diagnóstico, perspectivas e implicaciones económicas. Revista Mexicana de Física S, v. 59(2), p. 36-43.

http://rmf.smf.mx/pdf/rmf-s/59/2/59_2_36.pdf

Ferrari L., 2013. Energía finita en un planeta finito. Revista Digital Universitaria. v. 14, n. 9.

http://www.revista.unam.mx/vol.14/num9/art30/

Hughes D., 2013. Perfora, Chico, Perfora. Post carbon institute

http://www.postcarbon.org/report/1983362-perfora-chico-perfora

Semblanza:

Es egresado de la Universidad de Milán y Doctor en Ciencias de la Tierra por la misma institución. Realizó un Posdoctorado en el Instituto de Geología de la UNAM donde se incorporó desde 1995. Actualmente es Investigador Titular C en el Centro de Geociencias de la UNAM, campus Juriquilla, Qro., del cual fue también Director hasta 2010. Es Investigador Nacional Nivel III, miembro distinguido (Fellow) de la Geological Society of America. Ha sido Presidente de la Unión Geofísica Mexicana y actualmente es miembro de la mesa directiva de la sección Centro de la Academia Mexicana de Ciencias.

 

Su tema principal de investigación es la geología regional de México y su aplicación en la exploración para la minería y la geotermia. Desde 2005 se ha también dedicado al análisis de la producción petrolera en México y en el mundo y las implicaciones para el futuro de la energía, impartiendo numerosas conferencias por invitación en universidades y centros de investigación público y privados.

 

Su producción académica consta de 85 artículos arbitrados en revistas indizadas, que han sido citados un total de 1,900veces por otros autores, con un factor H = 25. Es profesor en el Posgrado en Ciencias de la Tierra de la UNAM y de la Licenciatura en Ingeniería Geológica de la Facultad de Ingeniería.